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HIGH-RISE (RASCACIELOS):

El Ego muy alto

El cine tiene la capacidad de llevarte a poderosos, enigmáticos, sublimes  y extravagantes mundos mágicos en los que debes aceptar el hecho de formar parte de ellos, como si te esnifaras una ralla de coca asumiendo la peligrosidad, el miedo excitante y sibilino de querer entrar en ellos.  Como si de repente, entraras en una fiesta de espuma. Como meterse todas las drogas de golpe y dejarse llevar por las fotos, las escenas, el ruido, la música,  la controversia, las alucinaciones.

Así es High Rise, un film que evoca la estética de “Bladerunner“, Matrix, Neon Demon…..dirigida por Ben Wheatley; Todo eso y más, es para mí, High Rise…. Adaptación de la novela que lleva el mismo nombre publicada por J.G. Ballard, Rascacielos’ es un relato sobre el porvenir visto a través del caleidoscopio de mediados de los setenta, algo de lo que sus personajes parecen absolutamente conscientes: el Dr. Laing (Tom Hiddleston) afirma estar “viviendo en un futuro que ya ha tenido lugar”, mientras que Anthony Royal (Jeremy Irons) teoriza sobre cómo su obra magna, concebida como “un crisol de cambio” social, podría llegar a convertirse en un “paradigma para desarrollos posteriores”.

Nos encontramos ante una visión casi espectral de una sociedad consumista que arrasa con todo, lo que interrumpe su paso, su estatus de perfección social, una enorme orgía socio-erótico-festiva  de esclavos y súbditos de la vergüenza, del exotismo y del erotismo y del existencialismo neoclásico.

La raza humana ya no puede caer más abajo…aquí hacemos nuestra esa frase de “¿en qué momento el mundo se fue a la mierda? Nosotros mismos tenemos la respuesta, asómense a la pantalla y visualicen High Rise.

Una película que todo espectador fiel al cine independiente y a lo original debería ver. Simplemente sentarse y ver, no pensar en nada más, dejarse llevar por esas maravillosas criaturas y ese caos tan abrumador que te martiriza y te enseña su propia distopía elegantemente.

Un irresistible Dr. Lening, un médico forense que acaba de llegar a su nueva casa, monta cual robinsón urbano un espacio de supervivencia en la terraza de su apartamento, en un bloque de pisos asolado por una suerte de apocalipsis; un modernista edificio-universo habitado por una serie de individuos que se encuentran perdidos en su propia pesadilla. Un circo de marionetas (exterminadoras) que trata de mantener su aparente vida normal en aparente convivencia modélica camuflada bajo los estereotipos más extremos a modo de paranoia carnal que se va haciendo realidad.

Reparto e interpretaciones increíbles en high-rise

Tom Hiddleston absolutamente irresistible en una especie de edificio-universo apocalíptico-utópico reflejo de la sociedad actual en la que dominan las ansias, la opulencia y la soberbia y la obsesión por la apariencia, el narcisismo y el deseo, la pertenencia caótica y surrealista a un grupo…..y el desastre que puede generar esa pérdida ante la falta de recursos y el desorden, la caída de un imperio y su arquitecto y querer alcanzar ese poder.

reparto

Nuestro querido amigo va conociendo e integrándose en las continuas fiestas que ofrecen sus vecinos en una especie de idílico paraíso perdido mientras practica el desapego….hasta que esa sociedad secreta empieza a quedarse sin recursos, empieza a consumir lo que se encuentra a su paso y consumirse a sí mismos.

Hiddleston parece haber encontrado su sitio convirtiéndose en el centro de atención y objeto de deseo de las exuberantes vecinas (y de la espectadora) que están hartas de sus maridos y de la rutinaria vida que llevan.

Él consigue desvincularse y mantenerse al margen de toda esa vorágine de carnes y rituales del capitalismo y pero al mismo tiempo aprovechándose de ello.

Y es que, cuando falla el asentamiento, se desploma el edificio, y el ego de los que habitan en él que no pueden perder su sitio en el mundo, ese mundo creado a imagen y semejanza del ser humano, con piscina y supermercado, jardín, ático y vestíbulo.

La edificación en vertical hacia las alturas no solo no diluye sino que refuerza la estratificación social entre sus habitantes  donde el denominado “arquitecto” interpretado por Jeremy Irons, ve como su gran obra de arte se tambalea.

Sin embargo, acaba centrándose demasiado en esa vorágine suicida, de caos y destrucción, que ataca a los distintos vecinos. Pasada la primera hora, High-Rise prefiere ser una colección de fotogramas tarados, de una brillantez formal fuera de toda duda, pero sin historia alguna, carente de sentido aunque no de emoción y conexión con el espectador auténticamente aturdido como después de una larga siesta; una estética geométrica rompedora innegable, un color hopperiano, una iluminación muy perfilada, espacios interiores limitados que contrastan con un exterior que se adivina semidesértico, una banda sonora estimulante…

Wheatley utiliza el surrealismo y humor negro como enlace de todo un conglomerado de personajes secundarios, bizarros y estrafalarios, que conforman el particular microcosmos que propone el director.

El problema es que a Whatley se le va la mano, y se deja llevar por el impulso más gamberro y destructivo, hasta el punto de que la progresiva decadencia del edificio transcurre paralela a la degeneración de la propia narración que acaba siendo caótica y bizarra y perdiendo el impulso de la primera mitad del film.

El director reniega de la coherencia y juega a descomponer el discurso narrativo. Barroquismo excesivo y extremo, que no se justifica por sí solo, y que no hace avanzar la película más allá de su premisa inicial.

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