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Madre! – Aronofsky y su obra más polémica

 

Madre! Es lo más bonito y fabuloso que he visto en mucho tiempo. Aronofsky nos lleva al extremo, al límite y yo se lo agradezco.

Ya era hora de que alguien lo hiciera.

¿De qué trata “Madre!”?

La película nos presenta dos personajes que no tienen nombre. Él lleva el nombre de “el poeta” y ella no tiene ninguno.

Empieza con la colocación de un cristal en un soporte y automáticamente una casa que se va erigiendo como por arte de magia. Él es un escritor adulado por una serie de personajes que van entrando en acción y ocupando la casa casi sin permiso mientras Ella intenta mantener su hogar y su matrimonio a salvo y se da cuenta de que lo están destruyendo.

Él, un poeta (Javier Bardem), trata de recuperar la inspiración; ella (Jennifer Lawrence) está centrada en rehabilitar el magnífico edificio. Un día, un extraño (Ed Harris) llama a la puerta, y Bardem (lo pongo así porque los personajes carecen de nombre) insiste en que pase la noche allí; al día siguiente es la esposa del extraño quien aparece. Al mismo tiempo, las paredes del edificio parecen latir como un corazón, y una grieta en el parqué parece convertirse en una herida supurante. Y, en cuanto los dos hijos de la pareja de intrusos aparecen en escena, cosas realmente perturbadoras empiezan a ocurrir.

Empieza a formarse el caos y la casa se expresa, habla por sí sola aunque tiene a su confidente que es precisamente, su “Madre!”.

Y, así, vamos viéndonos reflejados en la historia, vamos desgranando una trama que ya conocíamos y que se va resolviendo casi sin darnos cuenta de que formamos parte de ella desde hace tiempo, desde hace mucho tiempo, desde tiempos ancestrales. Desde la Creación.

Una narración cíclica que demuestra que el mundo está perdido y que nosotros lo hemos echado a perder.

Y entonces, te paras a pensar. ¿Cómo es posible que nadie haya hecho esto antes? ¿Cómo es posible que la gente diga que no la entienden? No hay nada que entender. Es lo que es.

lawrence

Descenso a la locura

Lo que sucede después es un descenso sostenido a los confines de la locura, puntuado por los momentos más bizarros y sangrientos jamás vistos en la filmografía del director Darren Aronofsky.

La segunda mitad de ‘¡Madre!’ es algo parecido a una plaga bíblica por la que transitan ‘groupies’ descontrolados, hedonistas compulsivos, necrófagos y genocidas, y a lo largo de ella lo que parecía ser el paraíso se convierte en puro infierno.

Mientras la veía, me sentía totalmente conectada e identificada con cada uno de los personajes, con cada momento, cada escena.

A Aronofsky le encanta ponernos a prueba, llevarnos al límite y jugar con nosotros. Le encanta romper la trama visual y meter “grietas” en su particular visión de la vida, de la realidad.

Ya lo hizo con Cisne negro, de hecho, el poster de presentación es muy similar al de Madre! Y juega con esa ambigüedad de la autoría, esa profundidad caótica de la histeria colectiva, de la supervivencia.

¿Cuál es el sentido de tal alarde de demencia?

Resulta difícil no interpretarla como un ataque al cristianismo; después de todo, el relato incluye un fratricidio como el de Caín y Abel, el nacimiento de un bebé milagroso, un sacrificio terrible, y un clímax que sugiere tanto el final como el principio del mundo —cada personaje de la película, además, parece corresponderse con una figura bíblica—.

Por otra parte, quizás Aronofsky nos esté hablando de algo más profundo y personal. Tal vez la película sea un lamento por el modo en el que la Madre Naturaleza es sistemáticamente destruida por los humanos, que la superpueblan y la usan como zona de guerra. O quizá sea simplemente el retrato de una mujer que asiste a la anulación y la marginación de sus necesidades.

Es posible que ‘¡Madre!’ sea todas esas cosas, pero también es posible que no sea ninguna de ellas. Muchos de los espectadores saldrán del cine preguntándose qué diablos acaban de ver.

Desde luego, ha sido de las pocas veces que en la sala había un silencio sepulcral.

Sea la película lo que sea, es un triunfal ejercicio, eso sí, llena de tensión y una obra que nos puede confundir, aterrarnos, hipnotizarnos y demolernos. Y, posiblemente, algo distinto a todo lo demás.

Por eso, incluso aquellos que al verla la odien no se olvidarán de ella fácilmente. La tendrán presente en la mente durante mucho, mucho tiempo.

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